Los movimientos astutos de Perry en la corriente principal de Hollywood a través de papeles de actor en películas de interés periodístico que van desde “Gone Girl” hasta “Don’t Look Up” pueden haber ampliado la audiencia para su trabajo como director. Y con su reciente contrato con Netflix, ese trabajo de dirección ha entrado en un nuevo territorio. Su nueva película, “A Jazzman’s Blues”, en la que Perry no aparece, es de un guión que dice haber escrito hace 27 años. En una aparición reciente en “The Today Show”, Perry dijo: “Tenía que ser estratégico en lo que estaba haciendo antes, así que tenía que asegurarme de tener un éxito tras otro, así que este solo quería tomarme mi tiempo y hacerlo en el momento adecuado”. Contar esta historia ahora, dice, se volvió imperativo ya que Perry fue testigo de la prohibición contemporánea de libros, la distorsión de la historia negra, “la homogeneización de la esclavitud y Jim Crow” siendo un aspecto de lo que le preocupa particularmente.

Desde sus primeras tomas, “A Jazzman’s Blues” muestra que Perry ha desarrollado una genuina fluidez como cineasta. La configuración de la historia es un marco, algo sacado de John Grisham tal vez: en algún momento en un pasado no muy lejano, una mujer negra ve un discurso político en la televisión del actual fiscal general de Hopewell, Georgia, desdeñando sus puntos de vista racistas. No obstante, esta anciana pronto aparece en la oficina del hombre, con un fajo de cartas y haciendo una solicitud. “Quieres que investigue un asesinato que ocurrió hace más de 40 años”, dice el burócrata con incredulidad. (Da la casualidad de que la mujer lo sabe todo, pero pretende que la consulta sea una lección). Retrocedemos a 1937, a una comunidad negra rural y a mucha infelicidad.

El joven sensible y vacilante apodado Bayou (Joshua Boone) proviene de una familia de músicos itinerantes. Incluyendo a un padre que resopla: “El chico tiene que aprender a ponerse duro en algún momento”. El hecho de que Boone pueda cantar pero no tocar lo convierte en objeto de desprecio por parte de ese padre y del hermano de Boone, Willie Earl (Austin Scott); con este último hay una verdadera vibra de Caín y Abel. La buena fortuna le sonríe a Boone en la forma de LeAnne (Solea Pfeiffer), una marginada de un tipo diferente. “Todavía puedo oler la lavanda y el alcohol ilegal”, afirma Boone en una de sus cartas. Por un corto tiempo los dos comparten un amor secreto. Ella le enseña a leer. Pero es arrebatada por su avariciosa madre que la lleva al norte y casa a la niña, que puede pasar por blanca, con un caucásico acomodado. 1947 trae una reunión desafortunada de Bayou y LeAnne. “¿Qué les pasa a estos negros aquí abajo?” pregunta un miembro de la gente nueva de LeAnne cuando Bayou es tan atrevido como para tomar asiento en la cocina de una familia blanca. “Oh, los mantenemos en línea”, responde un representante de la policía local.

By liu18